Museo dell'Ara Pacis

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Rendering del proyecto Meier

El proyecto para el nuevo museo del Ara Pacis es obra del arquitecto estadounidense Richard Meier y de su equipo, que ya había participado en algunos de los mejores museos italianos de la segunda mitad del siglo XX. La obra fue ejecutada por la italiana Maire Engineering y administrada por la Dirección de Bienes Culturales y la Oficina Ciudad Histórica de Roma. El edificio, sustancialmente inalterado en su forma, ha sido pensado para ser permeable y transparente en el contexto urbano, sin que afectar a la conservación del monumento.
El proyecto es una estructura lineal que sigue un eje principal norte-sur y dividida en áreas descubiertas, estancias completamente cerradas y zonas cerradas, aunque siempre visualmente abiertas a la luz.

El nuevo complejo museístico, que reestructura la manzana de edificios del oeste del Tridente, se divide en tres sectores principales. Se accede al primer sector, una Galería cerrada a la luz natural, a través de una escalinata que supera el desnivel entre via Ripetta y Lungotevere y conecta la nueva construcción con las iglesias neoclásicas situadas en enfrente. La escalinata presenta dos elementos que evocan el pasado: una fuente, que recuerda el antiguo puerto de Ripetta, y una columna cuya distancia al altar es la misma que, en el periodo augusteo, separaba el altar del obelisco de la meridiana principal. La Galería, con los servicios de recepción, tendrá la doble función de introducir la visita al monumento y de "apantallar" el altar desde el sur. Superada esta zona en sombra, se accede al pabellón central, donde durante el día el altar se encuentra a plena luz, difundida por lucernarios y amplios ventanales. Para ello se montaron 1.550 m2 de cristal templado en piezas de hasta 3 x 5 m para eliminar el efecto jaula del pabellón y procurar la máxima la visibilidad.

El tercer sector, al Norte, alberga una sala de conferencias con dos plantas, así como una zona de restauración. Sobre la sala, una amplia terraza abierta al público da al Mausoleo de Augusto. Aprovechando el desnivel entre Lungotevere y via Ripetta, existe una planta semisoterrada, flanqueada por el Muro de las Res Gestae, el único elemento conservado del antiguo pabellón. Estos espacios se destinarán a la biblioteca, a las oficinas de la dirección y a dos grandes salas iluminadas artificialmente, donde se expondrán los fragmentos que no fueron recolocados en la construcción del 1938 y otros importantes relieves del Ara Pietatis. En estos espacios, utilizables también para colecciones temporales, se accederá tanto desde el interior como a través de dos entradas independientes, al Sur y al Norte de via Ripetta.

Materiales y tecnología
Para la realización del nuevo museo se ha recurrido a materias primas y soluciones de absoluta calidad. La elección de los materiales pretende lograr la integración con el entorno: el travertino, como elemento de continuidad del color, el revoque y el cristal, que permite combinar el interior con el exterior con un efecto simultáneo de volumen y transparencia, de plenitud y vacío.

El travertino procede de las mismas canteras de donde se extrajo el mármol para la realización de la plaza Augusto Imperatore en los años 30, y es el mismo que ha utilizado R. Meier para el Getty Center de Los Angeles y otras importantes obras arquitectónicas. Su elaboración "con muescas" y las propias características del mineral lo convierten en un material único, producido con una técnica refinada creada por el propio Meier. La iluminación, tanto interior como exterior, nocturna y diurna, utiliza reflectores con accesorios antideslumbramiento, filtros para subrayar los colores y lentes que definen y modulan la distribución del haz luminoso teniendo en cuenta las características de las obras expuestas.
El revoque blanco de Sto-Verotec es un material tradicional, pero aquí se utiliza sobre piezas de cristal reciclado de dimensiones inéditas hasta ahora en Italia. El cristal se caracteriza por ser extremadamente pulido, gracias a un proceso de siete capas aplicadas sobre una red vítrea, y por su capacidad autolimpiante frente a los agentes atmosféricos. El vidrio templado que encierra el ara está compuesto por dos capas de 12 mm cada una, separadas por espacio rellenado con gas argón y compuesto de una capa de iones de metal noble para filtrar los rayos de luz. Su tecnología, estudiada para obtener una relación óptima entre el resultado estético, la transparencia, el aislamiento acústico y térmico, y el filtrado de la luz, se lleva hasta el límite de las actuales posibilidades técnicas. El microclima interior se confía a un complejo equipo de aire acondicionado que responde a dos exigencias básicas: ser lo más discreto posible respecto a la arquitectura circundante y reaccionar en tiempo breve a las causas que perturben las condiciones térmicas y de humedad. Una cortina de aire sobre los ventanales impide la condensación del aire y estabiliza la temperatura. Una gruesa capa de poliestireno bajo el pavimento permite que fluya agua templada, caliente o fría, según las necesidades, para crear las condiciones climáticas ideales. El gran salón del ara posee, además, un sofisticado equipo para la circulación del aire con un elevado grado de filtración para situaciones de gran influencia de hasta 2 veces el máximo previsto.

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